El personaje que marcó una época en la historia del tebeo español

El Guerrero del Antifaz

Una aventura de "El guerrero del antifaz".
Una aventura de “El guerrero del antifaz”.

En la España de la posguerra aparece, en 1944, un personaje de cómic épico y luchador. Sus relatos guerreros, sus persecuciones, emboscadas y batallas divirtieron y ayudaron a evadirse por las colinas de la fantasía y la aventura, a varias generaciones de niños y adolescentes (y a muchos más que sobrepasaban esas etapas).

Desde su aparición hasta el comienzo de la década de los 60, las aventuras de “El Guerrero del Antifaz” gozaron en toda España de un éxito inimaginable. Tras esa fecha continuó su divulgación, pero el interés general por ese tipo de publicaciones fue decayendo. En su propio tiempo, este personaje enmascarado tuvo imitadores, que no lograron el éxito de su modelo. Con posterioridad, otro beligerante incansable, “El Capitán Trueno” (1956), tomará algunos de sus rasgos, aunque también aportará un nuevo estilo personal algo menos grandioso y autoritario, unido a un tratamiento gráfico más acabado. Con todo, “El Guerrero del Antifaz” tuvo (y aún hoy lo conserva en parte) un público ferviente, devoto y fiel. Sus memorables hazañas marcaron una época bien definida en la historia del tebeo español. Han existido varias reediciones. Las tres primeras datan de 1972, 1981 y 1984 (extras).

El personaje
La vestimenta del Guerrero es la de un cruzado medieval, cubierto por su capa, bajo la cual hay un corto vestido de tipo sayal con una enorme cruz negra bordada en el pecho. Y debajo, aún, de ese vestido aparece, cubriéndole la mitad superior del cuerpo, una cota de malla que llega a taparle casi toda la cabeza, a excepción de la cara, y parece empalmar con el casco metálico que remata su testa. Esta indumentaria deja al aire, casi desde la altura de los muslos, unas atléticas piernas que le ayudarán en sus escaramuzas, saltos, persecuciones carreras… Cinto de cuero, puñal y espada, además de su inseparable antifaz negro, que le da nombre, completan un vestuario inamovible. Su comportamiento es el clásico del guerrero medieval que se mantiene fiel a los principios de jerarquía y a los valores de valentía y lealtad. Sus enemigos tradicionales: los moros.

En su versión de color.
En su versión de color.

El estilo gráfico
El trazo del Guerrero y de sus personajes es amplio y suelto, de formas abocetadas en ocasiones, pero con escaso primor por el detalle casi siempre. Según algunos analistas, esas formas inacabadas no fueron del todo gratas a muchas editoriales, debido a la sensación que desprendían, como de haber sido hechas con una prisa excesiva. Sin embargo, sí que fueron eficaces para un público juvenil que valoraba mucho el dinamismo de las figuras y la épica de unas aventuras más o menos históricas. Más que un estilo artístico minucioso y un rigor histórico verosímil, el público español de la posguerra buscaba la evasión de su realidad mediante aquellos dibujos de trazo suelto y desenfadado. El escaso juego del dibujante con las luces y sombras, con los contrastes posibles, contribuía a agrandar esa sensación de dibujo fácil que le valió no pocas críticas.

Las historias
El Guerrero del Antifaz es otra obra del comic medieval de capa y espada, cuyo estilo narrativo parece inspirarse remotamente en el de Val, el Príncipe Valiente, (1940) obra maestra de Harold R. Foster, aunque Gago, salvando las distancias, lo hace utilizando unas representaciones épicas más grandilocuentes, acercando las historias a un sentido más “hispánico” y dotándolas de un menor rigor histórico y de una estética mucho menos elaborada que la de Foster y su escuela posterior. Se señala, por parte de algunos ilustrados del cómic, que Gago se documentaba en la Reconquista española y lecturas históricas similares, para la elaboración de sus guiones. Por su parte, el propio autor reconoció haber partido, para la preparación de sus historias, de la novela de Rafael Pérez y Pérez, titulada “Los cien caballeros de Isabel la Católica” (1934).

En las aventuras del Guerrero había siempre arriesgadas luchas, osadas liberaciones de inocentes y batallas tumultuosas en las que los “malos” eran casi siempre los moros. Aun así, los estudiosos se dividen a la hora de tachar, o no, de racista este aspecto del Guerrero, debido al grado de dignidad y respeto militar otorgado a dicho enemigo por el dibujante. La utilización del “continuará” como elemento comercial y de intriga entre cuaderno y cuaderno, consigue forzar, muchas veces, el ritmo de las narraciones, creadas inicialmente en entregas periódicas.

Manuel Gago en 1953. Fotografía del álbum familiar, tomada de la web de su hijo, www.magaworld.net.
Manuel Gago en 1953. Fotografía del álbum familiar, tomada de la web de su hijo, www.magaworld.net.

El autor
El creador del Guerrero del Antifaz fue Manuel Gago García (nacido en Valladolid, en 1925 y fallecido en 1980), hijo de un oficial militar de la República Española. En 1943, convaleciente en un hospital, crea el personaje y al año siguiente lo publica. En fechas posteriores, va creando otros varios héroes de papel, pero ninguno alcanza el éxito de público que logra su primer enmascarado. Precisamente, por ser Gago hijo de militar republicano encarcelado, se podrían haber esperado de su personaje algunos pequeños guiños contra el régimen político impuesto, aun dentro del escasísimo margen tolerado, como sucedía con algunos guiones de El Capitán Trueno, creados por el antifascista Víctor Mora. Pero con Gago parecía ocurrir todo lo contrario: los guiños, según interpretación de ciertos analistas, daban la sensación de ir más hacia los totalitarios que hacia los oprimidos. En cuanto a ese posible sesgo, no se ponen de acuerdo, tampoco, muchos de sus estudiosos y otros lo consideran aséptico y autocensurado.

Se considera, hoy, a Manuel Gago un maestro en su estilo, aunque también se ha dicho que era mucho más meritorio como guionista de sus propias historias que como dibujante de las mismas y que lo que realmente atraía de éstas era la dinámica narrativa y eficaz de la aventura, del relato en sí, y no de las formas gráficas utilizadas. No obstante, hay que reflejar también que, en unos pocos capítulos, intervinieron otros guionistas, como Pablo Gago y Pedro Quesada, además del propio Manuel Gago. Durante ochenta números de la serie, a partir del 421, hasta el 500, el dibujo pasa a ser realizado por Matías Alonso y el guión por Vicente Tortajada. Tras ellos, continúa otra vez al timón su creador, Manuel Gago, realizando guión y dibujos de los cuadernos posteriores.

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